Semana 14.2
Y como aprendí la lección del semestre pasado (cuando casi me muero preparando la comisión sin dormir), apenas cerré los teóricos me puse inmediatamente a avanzar taller. No quería repetir ese desgaste absurdo. Así que, entre estudiar, trabajar mis horas en la pega y sobrevivir a la semana, me organicé lo mejor que pude. Mi meta era terminar el modelo, o al menos avanzar algo decente, y por eso intenté usar ArchiCAD por primera vez. Alcancé a levantar un modelo base —nada impresionante— pero la experiencia de aprender un programa nuevo me gustó muchísimo. Se siente distinto a SketchUp; menos libre quizás, pero más arquitectónico, más “ordenado”.
Y, de hecho, esta semana pasó algo que nunca había hecho: decidí no hacer un modelo tan bacán. Yo que llevo modelando hasta las maquetas de primero. En vez de obsesionarme con que el modelo quedara perfecto, prioricé las planimetrías. Por primera vez dije: “ya, este semestre voy a elegir mis batallas”. Y me dediqué a dibujar. A dibujar mucho. Plantas, cortes, orden, limpiezas, ajustes técnicos… todo eso que a veces dejamos para el final, esta vez fue lo principal. Sentí que era una forma distinta de avanzar, como si estuviera construyendo el proyecto desde su esqueleto más puro.
Aun así, tengo que ser honesta: mi proyecto todavía se siente medio incompleto. Sencillo, incluso demasiado. Hay detalles que faltan, decisiones que aún no amarran del todo. Pero también entiendo que fue una decisión consciente mantenerlo simple para no hundirme en carga este semestre. Y dentro de esa simpleza, intenté fundamentarlo lo mejor posible: que cada gesto tuviera una razón, que las estrategias respondieran a lo que he ido aprendiendo. Incorporé ideas del documental, de las charlas, de la salida a terreno, del análisis del barrio, incluso de ArchiCAD. Todo lo que absorbí esta semana de alguna manera terminó ahí.
También me propuse llevar mi dibujo técnico al mejor nivel posible. Para mí, saber dibujar bien planimetrías es esencial, casi más importante que cualquier render. Así que pulí cada línea. Incluso arreglé un detalle súper específico: conecté las dos redes de aguas lluvias por canales para irrigar toda el área verde del proyecto. Un ajuste pequeño, pero necesario, que me hizo sentir que al menos una parte estaba muy bien resuelta.
En resumen, esta semana fue una mezcla rara: teóricos intensos pero interesantes, un modelo humilde, planimetrías obsesivas, y la sensación de que incluso un proyecto sencillo puede ser un espacio valioso para aprender. Estoy intentando que cada paso, aunque sea pequeño, tenga sentido. Y eso, creo yo, también es parte de aprender arquitectura.

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