Semana 12.2
03.11.2025 - 09.11.2025
Esta semana fue rara. Intensa. De esas que una no termina de procesar hasta varios días después. El lunes partió con mi entrega formativa, y yo llegué con esa mezcla de culpa y resignación que queda después de un fin de semana donde trabajé, carretié y festejé más de lo que dormí. No me sentía realmente segura con lo que llevaba, pero ya estaba ahí, esperando mi turno, tratando de no pensar demasiado. Mientras mataba el tiempo, abrí el correo de la u, y ahí estaba la noticia que me quebró todo el día: había quedado seleccionada para irme de intercambio a Alemania. Alemania. Ese lugar que he tenido metido en la cabeza desde súper chica. Y más encima con mi amiguitaaaa. Sentí que todo el cansancio se me despegaba del cuerpo de golpe. Me reí sola. Quedé como tonta. Fui donde la profe y le dije, sin ningún pudor, que después de eso, sinceramente, ya no me importaba cómo me fuera en la entrega. Obviamente después empezamos a corregir en serio.
Hablamos harto del proyecto, de lo que funciona y lo que todavía no encaja. La profe insistió en que tengo que pensar bien la estructura, que el gesto de la plataforma activa tiene que ser más claro, más decidido. Que si la plataforma es la idea central, entonces tiene que sentirse de verdad, no solo sugerirse. Y es verdad: mi edificio sigue teniendo esa cosa de “torta por capas” que no está ayudando mucho. Me da un poco de risa y un poco de rabia ver cómo se nota que no tuve tiempo para maquetear bien después del fin de semana. Aun así, me fue mejor de lo que esperaba. La profe entendió la intención, y eso me dejó tranquila.
Lo que más hablamos fue cómo la plataforma debería funcionar como un sistema de niveles que se desfasan, creando distintas situaciones tanto arriba como abajo: corredores, vacíos, sombras, lugares para descansar, espacios donde lo deportivo y lo cotidiano se mezclen sin forzarse. Le conté lo que quiero lograr con los jardines verticales, cómo nacen desde la tierra y suben por la estructura como una continuación del suelo, respondiendo al sol, al calor y al movimiento de las personas. También lo que me interesa de los jardines de lluvia: que recojan el agua, refresquen el entorno y construyan microclimas donde el barrio se sienta más vivo y menos duro. Al final, mi proyecto trata de eso: de unir el jardín infantil, la cancha y el proyecto mediante esta plataforma que no solo conecta, sino que genera nuevos actos y nuevas formas de estar.
Pero claro, todavía falta que se entienda mejor en el corte. Siento que ahí está el verdadero problema: definir cómo se mueven los niveles, cómo cambia la altura de la plataforma, cómo esos desfases generan situaciones reales y no solo dibujos bonitos. Y no sé si debería empezar por definir los actos y luego diseñar la plataforma, o si debería diseñar la plataforma y ver qué actos nacen de ella. Esa duda me va a acompañar varios días, lo sé.
Aun así, terminé la semana con esa sensación extraña de estar parada en el borde de algo grande. Como que todo se me está moviendo al mismo tiempo: el proyecto, la vida, la posibilidad de irme, la idea de que las cosas pueden cambiar. Me siento contenta, cansada, nerviosa y un poco incrédula. Pero bien. Realmente bien. Y eso ya es suficiente por ahora.
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