Semana 10.2

 20.10.2025 - 26.10.2025

Esta fue una semana especial. No solo porque el fin de semana llegaría mi mamá a Concepción para pasar mi cumpleaños —la primera vez que lo haríamos juntas aquí—, sino porque también fue una semana de decisiones y pequeños actos de fe.

La semana anterior había estado pensando seriamente en postular a un intercambio en Alemania, algo que llevo soñando desde hace años. Así que el lunes partí temprano al DRI, llena de entusiasmo, solo para que me bajaran de la nube en cuestión de minutos. Me dijeron que ni siquiera lo intentara. Fue un golpe duro, y por un momento me sentí triste y algo tonta por haberme ilusionado tanto.

Pero, como buena terca, no me rendí. Seguí preguntando, insistiendo, buscando ayuda donde pudiera encontrarla. Siempre he sentido una conexión especial con la cultura alemana —y con el idioma—, quizás porque lo he aprendido desde muy pequeña. Pensar en poder estudiar allá, ver ciudades que he admirado por su planificación urbana, sus espacios públicos y la escala humana de sus calles, me emociona demasiado. Así que decidí hacerlo igual, con toda la determinación del mundo.

De hecho, en mi carta de motivación hablo justamente de eso: de mi deseo por entender nuevas formas de habitar el espacio urbano, de cómo el deporte, la naturaleza y el movimiento pueden ser lenguajes comunes dentro de una comunidad. También de cómo el intercambio sería una forma de crecer no solo académicamente, sino también como persona, ampliando mi manera de mirar la arquitectura.

Por supuesto, todo ese proceso me distrajo un poco de Taller. Me confié demasiado en la buena nota anterior, y esta semana avancé menos de lo que debería. Aun así, comencé a enfocarme en resolver el tema estructural del proyecto. Pienso que una estructura de madera podría funcionar muy bien: es liviana, cálida y compatible con la idea de flexibilidad y movimiento que he estado trabajando.

Además, volví a pensar en la charla de Aguas de Barrio que vino hace un tiempo a la FAUG. Su enfoque sobre la gestión comunitaria del agua siempre me pareció potente. Me interesa cómo proponen recolectar y reutilizar aguas lluvias para refrescar espacios urbanos, generando microclimas y puntos de crecimiento orgánico de naturaleza. Me hace sentido aplicarlo en el barrio Pedro de Valdivia Bajo, donde el calor es fuerte y la vida al aire libre es fundamental, sobre todo en un proyecto deportivo y comunitario.

Ahora me queda seguir afinando esos detalles, pero por hoy, cierro el computador. Mi mamá llegó y me espera con comida casera. Después de todo, no hay mejor forma de terminar una semana intensa que con un plato preparado por ella y una conversación larga, de esas que reconfortan todo.


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