Semana 6.2

  22.09.2025 - 28.09.2025

Este 18 fue diferente a todos los anteriores. Por primera vez lo pasé completamente sola. La Vale y el Francisco (mis roomies, mi pequeña familia) se fueron a sus casas, mi familia (la real) andaba cada uno en lo suyo y no me pescaron mucho. Así que el departamento se quedó en silencio. Pero lejos de sentirme triste, lo encontré hermoso. Me preparé un almuerzo especial a las cinco de la tarde -una mezcla de sobras y cariño propio- y pasé el resto del día echada, sin hacer nada productivo. Fue un respiro. El tipo de día que uno no planifica, pero que termina necesitando con urgencia.

A pesar de la tranquilidad, tuve que trabajar igual, pero no me molestó. Caminé al trabajo con calma, disfrutando el aire tibio y ese ambiente de relajo general. Me reí sola cuando me dieron un aguinaldo con dulces que no podía comer (porque contenían ingredientes animales). Ironías de la vida. Pero en ese absurdo encontré ternura. Es curioso cómo, incluso en lo mínimo, uno puede hallar motivos para sentirse acompañada.

Volver a la rutina fue difícil. En taller costó reconectar después del descanso. Todavía andábamos dispersas, con la cabeza en el feriado y el cuerpo en automático. Aun así, surgieron cosas interesantes. Con las chiquillas decidimos sortear los programas, y el azar me regaló el equipamiento deportivo. Al principio me pareció un reto enorme, pero rápidamente me empezó a gustar. Cada programa trae consigo un lenguaje y una forma de habitar diferente, y eso me fascina.

En mi manzana hay una mezcla muy viva: una sede social, un club deportivo, una cancha y un jardín infantil. Todo se articula en torno al deporte, pero no solo como actividad física, sino como tejido social. En la sede las vecinas se ponen de acuerdo para hacer clases zumba, los chiquillos juegan pelota, el jardín  se adueña de la cancha para hacer educación física… Hay vida por todas partes. Y sin embargo, en una esquina, un edificio abandonado rompe la armonía. Ahí quiero trabajar: convertir ese vacío en motor de movimiento. Que mi proyecto sea una síntesis de todas las situaciones que ya existen, una nueva capa que se funda con las anteriores.

El deporte, al final, tiene mucho de arquitectura: es ritmo, espacio, conexión, pausa. Quizás el verdadero desafío no está en diseñar un edificio espectacular, sino en captar esa energía comunitaria que ya está viva, latiendo en cada patio y en cada saludo entre vecinos.

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