Semana 2.2

18.08.2025 - 24.08.2025

Esta semana fue un aterrizaje. Llegué a Conce después de decidir alargar mis vacaciones unos días más, y aunque agradezco haber descansado, se sintió como caer en la locura. Todo sigue su curso aunque una se tome una pausa, y ponerse al día nunca es tan simple como parece.

El lunes partimos con una salida a terreno. Recorrimos el polígono que vamos a trabajar este semestre, y de inmediato apareció esa sensación de complejidad. Hay una mezcla de realidades que no se deja leer tan fácilmente: el mall, gigante y absorbente, y luego el barrio que apareció casi como sorpresa al final del paseo. Ese contraste fue evidente a plena luz del día, pero también me quedó la sensación de que evitamos ciertos rincones. Esos espacios “incómodos” que muchas veces esconden algo valioso. Con mi grupo ya acordamos volver por nuestra cuenta, caminar sin tanto guion y tratar de entender lo que realmente está ahí, más allá de lo que se nos muestra en primera capa.

Después, con las chiquillas, armamos collages de estudio. Fue un ejercicio que parecía sencillo, pero terminó abriendo un montón de preguntas. A través de las imágenes, se hizo evidente lo sectorizado que está el barrio: tipologías que no dialogan, escalas que no se tocan, equipamientos metropolitanos versus los pequeñitos negocios. Es como ver la historia del lugar en formato gráfico: un barrio que ha sido alterado, transformado y marcado por fuerzas externas. Y claro, cuando uno entiende eso, también entiende que proyectar acá no puede ser un gesto aislado, sino una conversación con lo que ya existe y lo que se resiste a desaparecer.

En medio de todo eso, tuve mi primer turno de nueve horas en el plotter. Fue eterno, la verdad, pero me obligó a hacer algo distinto: desconectarme un rato de la u y agarrar un libro que tenía pendiente hace tiempo. Leer me sirvió como refugio. Con taller siento que todo es blanco o negro, que no hay grises posibles, y justamente por eso estos momentos de pausa se vuelven tan necesarios. No es dejar de avanzar, es darle aire al proceso para poder volver con ganas.

Sigo buscando trabajo en otros lados, pero por ahora me quedo con esto. Quizás más que por el dinero mismo, por lo que significa: una especie de pequeña autonomía dentro del caos.

Mirando la semana en conjunto, me doy cuenta de que no sólo fue el regreso físico a la ciudad y a la rutina, sino también un re-acomodo mental. Pasar de las vacaciones al ritmo del semestre nunca es suave, pero esta vez siento que hubo algo distinto: en vez de frustrarme por lo que me falta, trato de leer las señales de lo que ya tengo. El terreno, el barrio, el collage, incluso el turno interminable en el plotter… todo es parte de un mismo proceso de búsqueda.

Y aunque todavía me siento un poco desfasada, creo que es parte de la gracia. No se trata de llegar y encajar, sino de ir encontrando el lugar propio dentro del ritmo colectivo. Quizás eso mismo es lo que este semestre me pide: aprender a reconocer los vacíos, los contrastes, los silencios, y desde ahí empezar a tejer.

Comentarios