Semana ¿s?
Fecha indefinida
No me imaginaba que el paro iba a durar casi dos meses. Nunca me agradaron las paralizaciones, siendo honesta. Al principio lo entendí, y de hecho, estuve muy de acuerdo con las razones que lo motivaron, pero con el paso del tiempo, al menos en mi facultad, sentí que el sentido del paro se empezó a perder. Como si nos quedáramos paralizados simplemente por inercia. Empezaron a redactarse petitorios, a pensar en justificaciones un poco -muy- encima del tiempo para seguir suspendiendo las clases y las evaluaciones.
Me frustra mucho cómo las paralizaciones, aunque necesarias a veces, interrumpen el ritmo del aprendizaje. Se corta el flujo, se pierde la constancia, y volvemos con la sensación de estar atrasados, corriendo para alcanzar algo que ya no sabemos bien qué era. Me da angustia pensar en los tiempos que vienen ahora, todo comprimido, con menos espacio para entregar, para pensar, para concretar buenos proyectos. Y, ya más personalmente, me da un poco de lata saber que todo esto también afectó el tiempo que podré volver a Arica a ver a mi familia. Yo creo que a todos los compañeros que somos de lejos -demasiado lejos como para solo llegar en un bus- nos pasó lo mismo respecto a las vacaciones.
A pesar de todo eso, intenté no quedarme completamente quieta. Seguí estudiando alemán, y siento que por fin empiezo a hablar con más seguridad. Ya no me pierdo tanto en las conversaciones, puedo entender casi todo lo que me dicen, y eso me da una alegría que equilibra un poco el caos de la universidad. También empecé a trabajar en un café. Es un lugar tranquilo, bonito, pero igual hay días que me estresa. Aun así, ha sido una experiencia importante para mí. Siempre quise empezar a sostenerme de forma más independiente, y ahora estoy aprendiendo lo que eso significa de verdad. No es fácil, pero estoy orgullosa de los avances que he hecho. Siento que estoy creciendo de una forma distinta.
Y como necesitaba reconectar con taller antes de que volvamos formalmente, fui con mis amigas a Bellavista. Me quedé un rato en el emplazamiento donde voy a trabajar. Paseé un momento sola, y empecé a observar con calma: la luz que se filtraba entre los árboles, la escala de los espacios, las distancias, cómo se movía la gente, el ritmo de todo. Es un lugar que espero que me inspire. Me vinieron muchas ideas a la cabeza, aunque todavía no logro aterrizar ninguna en algo concreto. Pero no me estoy apurando. Me lo estoy tomando con calma, y confío en que eventualmente va a fluir.
No sé bien cómo terminar esta reflexión. Supongo que estoy un poco cansada, un poco frustrada, pero también tranquila dentro de todo. Estoy aprendiendo a vivir con esa mezcla de cosas. Ya llegará el momento de retomar con más claridad. Por ahora, sigo caminando.
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