Semana 12
14.07.2025 - 20.07.2025
Esta semana fue de corrección. Después de semanas de no parar, decidí -consciente y deliberadamente- tomármelo con calma. No desde la flojera (aunque sí, también un poco), sino desde la necesidad real de no seguir funcionando en modo piloto automático.
Mi maqueta no cambió mucho. O sea, no hice grandes transformaciones ni replanteamientos de concepto. Lo justo y necesario para no llegar con las manos vacías, pero sin pretender que en un par de días mágicamente iba a cambiar la propuesta entera. Porque no se puede. Porque no quiero. Y porque no tengo energía para eso, sinceramente.
Me di cuenta de que hay momentos en los que está bien no hacer tanto. No desde la desidia, sino desde el cuidado propio. Mi cuerpo ya estaba gritando hace rato. Dormía mal, comía peor, y vivía con esa sensación de estar haciendo todo a medias. Entonces, esta semana la usé para ajustar el ritmo. Dormí más (no mucho, pero algo). Salí a caminar. Me hice desayuno como la gente. Cosas pequeñas, pero que te hacen sentir un poco más persona y un poco menos robot con maqueta.
Claro que al principio igual me sentía culpable. Porque en arquitectura pareciera que si no estás al borde del colapso, no estás “dando lo suficiente”. Como si sufrir fuera parte del currículum. Pero ya no estoy para eso. Estoy para hacer proyectos que me entusiasmen, no que me arrastren por el suelo. Estoy para aprender, sí, pero también para cuidar la cabeza.
El proyecto sigue teniendo sus problemas (spoiler: siempre los va a tener), pero siento que ya no estoy tratando de resolver todo en una sola pasada. Esta semana fue como decir: “ok, esto es lo que hay, y con esto voy”. No es resignación, es estrategia. No puedo arreglarlo todo a la vez, así que priorizo. Hago lo que puedo, con lo que tengo. Y si eso significa no rehacer toda la maqueta de cero, está bien.
Además, algo importante pasó: en medio de esta pausa relativa, volví a encontrarle sentido a la propuesta. Le vi potencial otra vez. Me dieron ganas de seguir trabajándola, no desde la urgencia, sino desde la curiosidad. Y eso, para mí, ya es un montón.
No sé cómo irá la corrección. Capaz me digan que falta trabajo (spoiler 2: probablemente). Pero esta vez no me pillaron con los ojos rojos y las manos temblorosas. Esta vez llegué descansada. Y eso cambia todo. Porque tener la mente clara —aunque la maqueta no esté perfecta— vale más que una noche entera de cortar cartón sin saber por qué.
Así que eso. Esta entrada no es para contar grandes avances, sino spara dejar constancia de una pequeña (gran) decisión: bajarle un poco el volumen al caos, aunque sea por unos días. Porque sí, el taller es importante. Pero estar bien para habitarlo también lo es.

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