Semana 9

 

16.06.2025 - 22.06.2025

Esta semana fue como volver a empezar, pero no desde cero. Sentí que la rutina regresó, aunque no exactamente como era antes del paro. Ahora mis días están más cuáticos, más repartidos entre distintas cosas. Trabajé varios turnos en el café, fui al gimnasio, tuve clases de alemán... traté de mantenerme presente en cada una de esas actividades. No voy a mentir: terminé agotada. Pero también siento que, por primera vez en mucho tiempo, estoy construyendo una vida más completa, con más dimensiones que solo la universidad.

 

El jueves fue el Machaq Mara -We Tripantu para más entendimiento-, que para muchos representa el comienzo de un nuevo ciclo. Y me hizo sentido. Me pareció bonito pensar en un “año nuevo” desde otro lugar, uno más íntimo, más personal. Así, simbólicamente jaja, hasta me compré un estambre de lana roja para marcar un hito: mi proyecto de tejido de una manta de abuelita, de esas de cuadraditos. No sé cuánto me demore, ni siquiera tengo claro cuán grande quiero que sea. Pero me entusiasma tener algo que avance sin apuros, que avance cuando yo decida, no el calendario. Me gusta la idea de construir algo con mis manos, a mi ritmo.

 

En otro plano, salí en una pequeña cruzada personal: encontrar lentes nuevos. Mi graduación cambió -ahora veo peor- así que pasé buena parte de la semana recorriendo ópticas en el centro de Concepción. Probándome marcos, descartando opciones. Al final encontré un par que me gustó de verdad, y siento que ese pequeño gesto de elegir con calma me hizo bien. Como ir a comprar pan para la once jaja.

 

Y en medio de todo eso, volvió taller. Tuvimos la primera corrección después de más de un mes. Antes, esa entrega habría sido el centro de mi semana. Ahora, aunque me sigue importando mucho, siento que se ha convertido en uno de los varios elementos que componen mi día a día. Y estoy bien con eso. Esta vez sé que probablemente no me irá como en entregas pasadas, igual por la poca cantidad de tiempo con la que cuento esta vez.

 

Eso sí, llegué con una idea. Algo que estuve pensando en mis ratos libres del trabajo. Lo que más me llamó la atención en el emplazamiento fue cómo cambiaba la sensación del espacio al pasar de un punto a otro. Esa diferencia entre lo lleno y lo vacío me hizo pensar en escalas, y cómo esas variaciones podrían ayudar a resolver una de las tensiones más clásicas de las bibliotecas: la forma en la que se lee. En silencio, con ruido. En soledad o acompañado. En rincones o en espacios abiertos. Mi propuesta era usar esa diferencia de escalas como herramienta para organizar esos contrastes.

 

Pero estaba equivocada, claramente jaja.

 

En la corrección, la profesora me explicó que el proyecto no puede partir de una observación como esa. Que no basta con lo que a mí me llama la atención o con lo que quiero hacer. El proyecto tiene que responder a una problemática urbana concreta, observable en el lugar. Tiene que nacer desde el entorno, no desde mi intuición.

 

Así que ahora tengo una nueva tarea: hacer un análisis en capas del terreno. Reconocer las condicionantes, oportunidades y limitantes, como hicimos en la entrega pasada, pero esta vez con más intención. A partir de eso, podré definir un objetivo de proyecto claro y empezar a trazar cómo lograrlo.

 

Sé que tengo bastante trabajo por delante, pero también estoy más motivada. Siento que ahora sé hacia dónde mirar, y aunque todavía no sepa exactamente qué voy a hacer, al menos sé por qué estoy buscándolo.

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