Semana 6
14.04.2025 - 20.04.2025
El fin de semana tomamos una micro hacia Bellavista con la Sofi. Nuestros compañeros andaban en sus hogares, cada uno con responsabilidades propias. Por tanto, como yo estoy atada a Conce y la Sofi más o menos también, emprendimos con apoyo a la distancia.
Nuestro enfoque debía estar concentrado en el área de interés y el cómo es la dinámica entre esta y el resto del barrio. Así, caminamos recto por la calle Central hasta doblar a la derecha en Cristóbal Colón, eje principal del sector los Aromos y conector de este con las viviendas que se asientan a lo largo de Caracol. Allí nos encontramos inmersas en otro barrio que funcionaba sólo dentro de sí mismo.
Para nuestro agrado, conocimos a la señora María, quién nos invitó a pasar a su casa y con quien conversamos al menos durante una hora completa. Con ella resolvimos muchas dudas. Al poco rato se sumaba su hija, enfermera del CESFAM en los Cerezos, quién nos contaba como funcionaba -más o menos- el flujo constante de peatones en Cristóbal Colón.
Los Aromos tiene su propia junta de vecinos, dos negocios y una botillería. Una especie de plaza que se extiende en su centro y algunos juegos para niños. Al final de la calle, un paradero de micros en el cuál se detienen vecinos de La Junta, Aguas Buenas y los propios Aromos. Una rampa-escalera se construye como único medio por el cuál las personas del cerro pueden descender a Bellavista. Y una camioneta que reparte verduras en todas las casas transita libremente por los pasajes.
Despidiéndonos de la señora María, subimos esta escalera y caminamos rumbo a la entrada del estadio, que desconocíamos. Lamentablemente, el perímetro se encontraba cerrado e intransitable. Un chiquillo de unos quince años nos contaba que antes iban hacia el Fundo en los Tilos por medio de ese camino, pero que actualmente ya no se podía pasar. Con cierta incertidumbre decidimos interrumpir a un operario de grúa en su horario de colación, para poder preguntar si el proyecto que se está construyendo tenía en cuenta el antiguo camino que todas estas personas recorrían.
Sin embargo, él no estaba muy seguro. Pero su jefe, con cara de pocos amigos, nos explicó que aquel era un recinto privado y que ya nadie podría atravesarlo libremente.
Al volver a Conce, el día lunes nos dispusimos a hacer las capas de potencialidades y limitaciones. Fue un poco complicado el intentar ponernos al tanto con las visiones que habíamos tenido la Sofi y yo. La profesora nos comentó que debíamos trabajar aun más en las limitaciones al interior del sector, ya no solamente analizar lo que pasa en los límites de este.
Entonces volvímos a Bellavista, con la mochila llena de peso y una humedad que ya me estaba causando dolor de cabeza. Otra vez, la Sofi y yo caminamos directo hasta el fondo. Con todo el pesar, intenté pensar positivo y convencerme de que esta visita debía ser la definitiva. Ya estaba un poco chata de caminar.
Hicimos el mismo ejercicio que habíamos hecho en la entrega del módulo pasado: un mosaico. Debo decir que esto no se visualiza de gran manera en nuestra área de interés, ya que resultan ser grandes macro-áreas las que se subdividen, no pequeños pasajes como ocurría en el centro. Esta división era mucho más perceptual.
De todas formas, esto nos ayudó a evidenciar todas las características específicas de nuestra área. Yo creo que actualmente conocemos bastante en profundidad todo lo que ocurre aquí. Cierro los ojos y puedo visualizar las distintas configuraciones espaciales dentro del barrio, en relación con el cerro, con el estero... ¡El estero!
Esa gran barrera tan difícil de atravesar. Intentamos de todo con la Sofi, hasta me adentre un poco en el agua buscando lugares potenciales en los cuáles proyectar un paso peatonal. Casi rindiéndonos y admitiendo que el puente de palos era nuestra única salida, nos encontramos con un pasaje vacío, a excepción de una casa abandonada. Nos adentramos en este predio, y pudimos llegar hasta las espaldas de las casas en los Tilos, y cómo trataban al estero como basura. Vi el paradero a las afueras del predio, cómo más allá se extendía un pasaje que remataba en una plaza acompañada por un porcentaje de cerro intervenido por vecinos; me vi con la Sofi, y supimos que este era un buen lugar para trabajar.
Con mucha información, es complicado llegar a cierto orden. La profesora nos ayudó con la narrativa de la problemática y la capa de potencialidades. Sinceramente, en mi cabeza me preguntaba si no sería demasiado; me daba un poco de miedo cada vez que un nuevo círculo verde aparecía en ese papel. De todas formas, esto nos ayudó a entender qué tan lejos podemos ir, y cómo realizarlo de la forma más congruente posible.
Teniendo como nueva misión la capa con la propuesta, comenzamos a trabajar al tiro. Con limitaciones y potencialidades más que claras, los proyectos comenzaron a surgir por si solos. Pero sin apurarnos tanto, preferimos conversar serenamente otro día acerca del nuevo tema que nos compete: La imagen objetivo.
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